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DISCURSO DE LA HONORABLE PRESIDENTA DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS DE LA REPÚBLICA DOMINICANA, LUCÍA MEDI


Honorable Lupe Núñez, Vicepresidente de la Cámara de Diputados

Honorables Secretarios de la Cámara de Diputados, Ángela Pozo y Juan Julio Campos

Honorables Diputadas y Diputados

Honorables Senadoras y Senadores

Distinguida historiadora Mu-Kien Adriana Sang, presidenta de la Academia Dominicana de la Historia

Distinguido funcionarios y Funcionarias del Gobierno

Distinguidos Representantes del cuerpo diplomático

Distinguido historiador José Chez Checo, y miembros de la Junta Directiva de la Academia Dominicana de la Historia

Distinguidos miembros de la Academia Dominicana de la Historia y sus ex Presidentes presentes en la mañana de hoy

Distinguidos miembros de la Academia Dominicana de la Lengua y de la Academia de Ciencias de la República Dominicana

Distinguidos invitados especiales

Distinguidos funcionarios de la Cámara de Diputados

Distinguidos miembros de la prensa, presentes en este acto

Señoras y señores:

Existen prácticas políticas aprendidas desde la experiencia pragmática y la filosofía popular que al líder político, al militante político o al futuro líder partidario le proporcionan claves, fórmulas y ecuaciones que, analizadas desde la óptica ciudadana, les servirán para una mejor comprensión en la relación pueblo-Estado. Aprender del pueblo, de la sabiduría popular, es propio de los líderes políticos con visión de futuro. Y una de esas expresiones de apariencia simple en la semántica de su nivel de comunicación es la expresión “Trabajar bajo el principio de continuidad del Estado”.


Es por lo que tengo el firme convencimiento de que si en los países latinoamericanos el sistema político y el funcionamiento de nuestros Estados, no hubiese estado afectado por la falta de aplicación de ese principio, los sistemas democráticos que rigen los destinos de nuestros pueblos hubiesen estado más firmes, más dinámicos, evidenciándose en el progreso y desarrollo social sostenible; porque el simple esquema elemental nos dicta que lo que un líder o gobernante ha realizado de forma correcta, lo lógico es que el otro gobierno debe asumirlo y continuarlo; porque, en suma, el pueblos es el beneficiario.


En la mañana de hoy, frente a ustedes, les confieso que desde hace días resonaba en mi interior la expresión “Principio de la continuidad del Estado”; y la razón por la que evoco el espíritu de esa reflexión, es por el impacto y la profunda emoción que provocó en mí tener en mis manos la última edición de la producción editorial Historia de la Cámara de Diputados, Tomo III, Volúmenes 1, 2, 3 y 4, de la autoría de los reputados historiadores Mu-Kien Adriana Sang y José Chez Checo, en cuyas páginas aparecen las voces y acciones de todas las diputadas y diputados de la República que levantaron su voz para defender la dignidad y conquistas de sus comunidades.


Es por lo que quiero dejar constancia en el día de hoy del extraordinario aporte a la institucionalidad de la Cámara de Diputados, realizado por el ex Presidente Julio César Valentín Jiminián, hoy Senador de la República por la provincia de Santiago, quien, en una clara visión de futuro, acogió las ideas de sus asesores para que, quedara sepultado el absurdo de que la Cámara de Diputados de la República Dominicana no contaba con una historia escrita.


El ex Presidente Valentín, procuró el establecimiento de una relación estratégica y académica con la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, para que, mediante un acuerdo suscrito entre las partes, los ilustres historiadores Mu-Kien Adriana Sang y José Chez Checo emprendieran la tarea de investigar los invaluables aportes de esta institución congresual al origen y nacimiento de la República, y a la primera edad del Proyecto de Constitución de la República, ambos originados en el año 1844.


Desde esos días de las luchas de la Independencia Nacional han estado encendidas las voces de los diputados de la República, ahora capturadas en las miles de páginas que registran los 169 años de historia de esta institución, que con pasión y respeto denominamos “La Casa del Pueblo”.


Les hablé del principio, y reitero, de la continuidad del Estado, porque en la mañana de hoy también hay que reconocer la visión del ex-Presidente de la Cámara de Diputados, Abel Martínez Durán, quien dándole continuidad a esa primera semilla dispuso la investigación, producción y publicación del Volumen 2 de la Historia de la Cámara de Diputados, abarcando los años 1978-2000.

Pero esa iniciativa de orden institucional y de compromiso con el objetivo de dotar de acta de nacimiento a una institución que es clave y fundamental para el buen desarrollo del sistema democrático y la gobernabilidad de la nación, el ex Presidente Abel Martínez Durán no se limitó al año 2000, sino que, encomendó a los historiadores Mu-Kien Adriana Sang y José Chez Checo la ampliación del proyecto editorial, estimulándolo en una compleja y enjundiosa investigación histórica que se sumergió en varios de los momentos más tensos y estelares de la vida de la Nación.


Estos prestigiosos historiadores y cientistas sociales que nos acompañan hoy aquí, cada uno desde sus respetuosas y humildes personalidades, quiero enfatizar en esta parte, que durante algo más de seis años encontraron a un calificado personal profesional de la Cámara de Diputados, en la Secretaría General Legislativa y sus diversos departamentos especializados, para seguir los protocolos de acceso a documentos; incluyendo las actas orales y escritas de las sesiones de la Cámara, en las que cada palabra, cada idea, concebidas como mensaje, queda grabada para la posteridad, en su estado íntegro.


Por igual, encontraron el apoyo de la Secretaría General Administrativa, donde fueron testigos de la espera y protocolos que representó la práctica de transparencia en esta institución, para el correcto cumplimiento con los procesos que manda la ley en materia de licitación pública para ediciones de esta magnitud.

Nada que decir del trabajo de coordinación que durante todos estos años emprendió la Unidad Técnica de Cultura de la Cámara de Diputados, para que en la mañana de este martes 22 de noviembre podamos tener el privilegio de ver, en conjunto, los seis volúmenes. que contienen este tesoro y patrimonio editorial que las voluntades de los dos ex Presidentes de la Cámara de Diputados antes mencionados, y el mío propio, ponemos el contenido de estos libros al servicio del pueblo dominicano.


Un poco más tarde, allí afuera, compartiremos la emoción de los momentos, tensiones y confrontaciones de legisladoras y legisladores de los más variados partidos políticos y creencias religiosas, asentados en las páginas de estos libros como parte de los naturales debates en el hemiciclo para hacer la ley en correspondencia con el accionar de las confrontaciones legislativas que cotidianamente suceden en parlamentos de todo el mundo.

Estarán exhibiéndose allí el Tomo I de la Historia de la Cámara de Diputados, que abarca desde 1844 hasta 1978, y cuenta con 610 páginas; el Tomo II, que abarca desde 1978 hasta el año 2000, con 906 páginas; el Tomo III, editado en cuatro volúmenes, de 770 páginas el Volumen 1; 775 el Volumen 2; 633 el Volumen 3, y 698 el Volumen 4. Y, como lo pueden atestiguar los distinguidos historiadores aquí presentes, tuvieron absoluta libertad operativa y de consulta, para este riguroso trabajo de investigación.


Esta impresionante producción editorial e investigación histórica, realizada como parte del eje constitucional de representación de la Cámara de Diputados, viene a devolverle la dignidad que, en la memoria política dominicana, había perdido la institución por la cantidad de fuentes difusas que distorsionaban el accionar de nuestros diputados y diputadas.


La Cámara de Diputados, como he afirmado en otras ocasiones, es el más hermoso laboratorio de la diversidad política y social, y la unidad en la multiplicidad, porque en suma somos un solo cuerpo, un poderoso cuerpo, que si sabemos accionarlo correctamente podemos contribuir grandemente a los cambios y transformaciones que requieren el pueblo dominicano.


Muchas Gracias

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